Greenpeace, organización ambientalista internacional, denunció que los niveles de contaminación del aire en Bogotá superan los parámetros permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y advirtió que los ciudadanos desconocen lo que están respirando.

Según Greenpeace una de las mayores fuentes de contaminación del aire en la ciudad es el transporte terrestre en un 60 %. Kennedy, Puente Aranda y Fontibón en el sur occidente son las zonas con el aire más contaminado de la ciudad.

 

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“Algunas estaciones de monitoreo pertenecientes a la red de calidad del aire de la ciudad se encuentran localizadas en lugares donde es muy poco probable que registren lo que la ciudadanía está respirando a los niveles de las calles. Creemos que el Gobierno debe liderar un sistema de monitoreo de calidad de aire que mida lo que realmente están respirando los niños y asegurar el derecho de los ciudadanos al aire limpio y a un ambiente sano”, asegura Tatiana Céspedes, coordinadora de la campaña Nueva Ciudad y vocera de Greenpeace.

Para Greenpeace las estaciones de monitoreo de la ciudad entregarían datos que no corresponden a la verdadera calidad del aire que se respira en Bogotá. Desde la Secretaría del Ambiente distrital desmienten esta situación y defienden la red de monitoreo que mide la contaminación.

Según la ONU la contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud mundial, una de las principales causas de muerte y enfermedades. Afectando desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables, como a los niños y niñas, mujeres y personas de edad avanzada.

 

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“Los efectos de la contaminación del aire en los más pequeños son mayores ya que su comportamiento y fisiología los pone en más riesgo. Su tasa metabólica es alta y respiran más rápido que los adultos. Kilo por kilo utilizan más oxígeno y respiran más aire que los más grandes, por lo que su exposición a los contaminantes es mayor. Algunas de las afecciones a la cual pueden estar expuestos los niños y niñas por la mala calidad del aire son problemas de desarrollo neurológico, infecciones del tracto respiratorio inferior, función pulmonar, asma y cánceres infantiles, entre otros”, advierte Céspedes.

Esta situación según la ONG ambientalista habría causado cerca de 5.400 muertes solo en 2020, cifras que desde la Secretaría de Ambiente desmienten.

 

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