Una difícil situación viven los niños de Ciudad Bolívar, sur de Bogotá, para poder acceder a las clases virtuales.

Sin computador, sin celulares y sin internet viven un atraso en sus tareas y en el aprendizaje.

Son familias que se debaten entre pagar una recarga para tener datos y estudiar o comprar comida para sobrevivir.

En la parte alta de Ciudad Bolívar, en medio de calles polvorientas, casuchas de lata, sobresalen las sonrisas inocentes.

Aquí la brecha social que se ha profundizado con la pandemia se vive cada día.

Carolina y Sarita. Madre e hija. Las dos intentan estudiar para salir adelante, pero solo tienen un teléfono para recibir clases.

 

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El teléfono que teníamos se dañó. A mi mamá se le cayó y lo espichó un autobús”, cuenta Sarita Daza, una niña de 9 años que vive en Cedritos Sur.

Ahora no tienen cómo estudiar. Un hecho que se suma a la difícil situación que pasan para sobrevivir.

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A veces deben escoger entre pagar un paquete de datos o comer.

Recargo para los estudios y me veo apretada para lo del almuerzo y el estudio. Entonces tengo que decidir entre el estudio o sobrevivir con mi hija”, cuenta Carolina Daza, la mamá de Sarita.

En medio de tantas dificultades, ninguna se siente feliz con el estudio de manera virtual. Cruzan miradas y su tristeza se asoma. Afloran lágrimas…

No entiendo, a veces tengo un dilema con mis ojitos. Las letras se me corren”, nos cuenta Sarita.

También es la misma situación de Vanessa y su hermano Iván Daniel Tovar.

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Estudian con un celular roto y gastan lo poco que tienen, cuando lo tienen, una recarga de 2.000 pesos diarios.

2.000 pesos no, nos dura casi nada, en menos de cuatro días se acaban”, cuentan.

Para ellos es más fácil poder ir al colegio.

Difícil, ahora la pasamos difícil, antes era más fácil porque podíamos ir al colegio. Ahora es muy difícil estudiar, no tengo ni datos ni internet”, relata Danna Yulitza Romero, otra estudiante que vive en este sector de Ciudad Bolívar.

 

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En medio de tanta pobreza ellos encarnan las palabras del poeta chileno Absalón Opazo cuando dice que la dignidad no se olvida, se levanta y no importa como: con piedras cruzando el cielo o con trapos pintados de rojo.

No a todos la vida nos la pinta fácil. La vida no es fácil para todo el mundo, pero si uno sueña en grande lo va a logar, sin importar el barrio donde viva”, dice muy segura Vanessa Tovar.

Desde estas montañas claman por solidaridad, se aferran a sus sueños, pero necesitan una mano amiga que haga que la carga de la vida sea más liviana.