Por las calles del barrio San Benito en la localidad de Tunjuelito en el sur de Bogotá, un fantasma recorre la zona de los cueros, es el fantasma de la quiebra, son alrededor de 350 curtiembres. Generan cerca de 10 mil empleos directos e indirectos, el 90 % son microempresas familiares, el coronavirus los tiene a punto de cerrar.

Ovidio Morales, presidente de la Asociación de Curtidores advierte que, “si la crisis continúa se van a perder entre 6.000 y 7.000 puestos de trabajo’’.

Desde que el Gobierno permitió que se retomara el trabajo de las manufacturas, trabajan a un 25 % de su capacidad. Muchas empresas aún permanecen paralizadas, tienen más de 90 mil pieles almacenadas.

Son cerca de 15 empresas que volvieron a abrir tras más de dos meses de inactividad. Sin embargo producen, pero no hay a quién vender el mejor cuero de Colombia y el mundo no tiene por estos días mercado.

No han podido obtener créditos en los bancos y como si fuera poco los recibos de los servicios públicos llegan con un aumento de casi el 300 %, pese a que las máquinas están paradas, lo que también ha generado inseguridad y hambruna en la zona.

Por ahora y mientras se reactiva toda la cadena comercial, piden a todos sus colegas que de manera estricta se cumplan las normas de bioseguridad.