Mensajes de aliento eran recibidos por Néstor Bello a través de videollamadas de su familia durante los dos meses que estuvo intubado en el Hospital San Blas de Bogotá.

Él, un hombre de 55 años, nunca pensó que el COVID-19 lo atacara con todo.

Incluso, su mente borró los 60 días que estuvo en una Unidad de Cuidados Intensivos.

 

 

Su esposa estuvo al pie del cañón todo el tiempo viendo desde lejos o desde un celular a su compañero de vida, pero en los últimos días hasta la esperanza de vida se perdió.

Pese a todos los diagnósticos Néstor sobrevivió, sintió en carne propia el segundo y tercer pico de la pandemia y a ambos le ganó la batalla.

 

 

El paciente sin comorbilidades, sin complicaciones por una edad avanzada, vio la cara cruda del virus y no es el único.

En esta tercera ola crece la preocupación del personal de salud que cada día recibe contagiados que requieren una UCI y quienes son relativamente jóvenes.

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El llamado es a mantener los mecanismos de cuidado y creer en la seriedad del virus.

Por ahora, Néstor deberá quedarse en casa mientras su familia busca el sustento del hogar.