El aislamiento obligatorio deja una imagen en la capital que llama la atención: las palomas que históricamente han adornado y dado vida a la Plaza de Bolívar, se han quedado sin esos “buenos samaritanos” que a diario las alimentaban.

Por la medida, necesaria para la población, no hay alguien se tome una foto para el recuerdo ni niños que las correteen. Un panorama nunca antes visto.

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