No es diciembre, pero las calles de San Victorino son hoy en plena pandemia un hervidero de gente. El rebusque, la falta de ayuda y la necesidad sacó la gente a la calle.

“Porque ya no había otro modo para conseguir la comida y pagar los arriendos”, dice uno de los vendedores informales que llegaron hasta las calles de San Victorino.

“Hay que salir por la comida, no tenemos más remedio. No nos ha llegado ninguna ayuda”, dice otro vendedor informal.

Llegan de todos los rincones de Bogotá, han llegado a San Victorino porque creen que aquí hay opciones para vender.

“Aquí la Policía nos deja trabajar más fácilmente”, asegura una vendedora de ropa.

Otra cosa piensan los vendedores formales de los centros comerciales, como el Gran San.

Pese a que venden por Internet, las ventas han bajado en cerca del 90 por ciento. Siguen pagando sus empleados, la seguridad social, pero están a punto de reventar.

Y las pérdidas siguen subiendo, “estimamos las pérdidas en más de 24 mil millones de pesos”, asegura Yensen Estupiñán, presidente de AsoSanvictorino y gerente del Gran San.

Hasta hoy no se han perdido empleos como en otros sectores, pero si la cuarentena se alarga y con ella el cierre de sus locales, la situación no dará para más.