Raúl Aramendi es uno de los millones de viejos que inmortalizó el cantautor argentino Piero en su más conocida composición. Don Raúl es un ciudadano ecuatoriano de 82 años de edad, que hace cerca de 30 vende dulces y confites que exhibe en una vetusta vitrina ambulante, por las calles de Bogotá.

Don Raúl, por supuesto, al salir de las calles está violando la orden de aislamiento obligatorio impuesta por el presidente, más, por su condición de adulto mayor, pero no tiene otra opción. Vive solo.

“Pago mi arriendo. Ahí me va bien”, dice con una cansada voz que refleja el peso de los años que lleva en la calle. Y solo, viviendo al diario, se mantiene con sus ventas: “cigarrillos, chicles, papas, galletas”.

Historias como la de don Raúl son la que la crisis de salud, social y económica generada por el coronavirus, están sacando a flote por montones en Colombia y el mundo. A pesar de que “ya camina lerdo” no puede darse el lujo, porque hoy es un lujo para quien lo puede hacer sin afugias, quedarse en casa.

“La edad se le vino encima, sin carnaval ni comparsa».