Una mezcla de veteranía y juventud fue la que armó el técnico Alberto Gamero con la permanente suprevisión del presidente del equipo Eduardo Pimentel. La contunuidad de los procesos, algo de lo que se han olvidado equipos historicos que hacen muchos años no saben lo que es celebrar un titulo.

Los que no pudieron ingresar al estadio tuvieron que asistir a la Plaza de Bolivar en Tunja pero allí también hubo celebración.

Minutos antes de comenzar el partido de la gran final del fútbol colombiano, los boyacenses ya estaban reunidos en la plaza principal de Tunja.  Para algunos aficionados del equipo ajedrezado, su equipo ganaría facil el encuentro de la gran final.

Ya en los penaltis los hinchas boyacenses celebraban cada gol que hacía su equipo. Pero con el penalti que  hacía su equipo, pero con el penalti quebotó Arango del América de Cali, empezó la fiesta de todos los  boyacenses.

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Algunos hinchas confiaban en su equipo y sabían que al final de todo, con sufrimiento y angustia, obtendrían el primer titulo del año.

Ya saben todos los boyacenses hasta que horas van a celebrar.

La primera estrella del Chicó Fútbol Club cambió para siempre la historia de Boyacá.