Santa Fe llegó al Monumental de Núñez, con una posibilidad inmejorable de conseguir un triunfo ante River Plate para seguir soñando con los octavos de final de la Libertadores.

Los dirigidos por Marcelo Gallardo solo contaban con once jugadores – no tenía a nadie en el banco –  de los cuales ninguno era arquero, producto de un brote de COVID-19 que afectó a 19 futbolistas, por lo que en el pórtico millonario se improvisó a Enzo Pérez, mediocampista.

Sin embargo, a los cuatro minutos del primer tiempo y tras una sucesión de errores en defensa de Santa Fe, River hizo la primera anotación a través de Fabrizio Angeleri.

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El cuadro cardenal, todavía sin recuperarse del golpe inicial, recibió dos minutos después un segundo tanto, obra de Julián Álvarez, este sí un golazo imposible para Leandro Castellanos.

Santa Fe, que careció de ideas, juego asociado y espíritu competitivo, solo pudo descontar al minuto 73 a través de Kelvin Osorio, para un 2-1 histórico por las condiciones en las que River Plate tuvo que afrontar un encuentro definitivo por Copa Libertadores.

Este 2-1 quedará como una de las páginas más negras en los libros de Santa Fe, que con la derrota y a falta de una fecha para el final de la fase de grupos, se aseguró el último puesto de su zona y ya no podrá aspirar ni siquiera a recalar en la Copa Sudamericana.