Los 33 mineros chilenos que estuvieron casi 70 días atrapados en 2010, alientan y dan consejos en un mundo en aislamiento por la pandemia.

Protagonistas de una de las historias de supervivencia más espectaculares de las que se tengan registro, desde su experiencia aconsejan sobre cómo llevar de la mejor manera el confinamiento, aunque ahora en condiciones muy distintas a las que ellos enfrentaron.

«No se rindan chicos; el sentido del humor es muy importante. Organicen sus casas. Hagan y organicen una rutina para no aburrirse. ¡Hay muchas cosas por hacer!», recomienda Mario Sepúlveda, el más carismático de los 33 mineros que quedaron encerrados hace una década a 600 metros de profundidad en el interior de una mina en el norte de Chile.

«Hagamos cosas estos días que estemos en nuestras casas. Seamos obedientes, es súper importante. Hoy día ya no es un problema político, hoy día simplemente es un problema de salud», agrega este minero, que abandonó la mina tras 69 días de encierro, gritando «¡viva Chile!», regalando piedras a sus rescatistas y derrochando energía.

Sin contacto con el exterior y con alimentos apenas para los primeros 17 días, los 33 mineros sobrevivieron encerrados más de dos meses en el fondo de una lúgubre y vieja mina de cobre en la región de Atacama, en el desierto chileno.

«Nosotros estábamos en una situación bastante crítica y grave. No teníamos ninguna salida; no había cómo salir de esa situación», recuerda el minero Luis Urzúa, jefe de turno ese 5 de agosto de 2010 cuando un derrumbe lo confinó a él y su equipo.

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«Hubo mucho compañerismo, mucha conversación. Conocimos parte de los trabajos que hacían los distintos compañeros en distintas faenas. Lo otro que nos ayudó mucho fue rezar», recordó.

«Pedirle a dios que no nos ayudara a nosotros, sino que la gente tuviera fuerza y voluntad para que insistieran en tratar de encontrarnos», agregó Urzúa, el último en abandonar la mina el 13 de octubre de 2010, cuando finalizó con éxito el rescate.