La polarización política ha saltado ferozmente a la arena pública en Estados Unidos, lo que ha motivado que varios altos funcionarios cercanos al mandatario Donald Trump, hayan sido blanco de mofa y escarnio en su vida privada.

La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, fue expulsada de un restaurante; la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, fue hostigada con gritos y abucheos que decían “vergüenza”, cuando esperaba comer unos tacos en un restaurante mexicano.

Mientras que Stephen Miller, uno de los asesores cercanos de Trump y que forma parte de la línea dura en temas de inmigración, fue tildado de «fascista» mientras cenaba en un restaurante de origen hispano.

La multiplicación de actos de repudio abrió el debate sobre los límites de la tolerancia y la discrepancia política en un país donde la libertad de expresión es un pilar fundamental.