Se cumplen los primeros tres días de gobierno del nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, un mandatario que para sus seguidores representa punto y aparte en la historia del mayor país de habla hispana del mundo, frente al fuerte escepticismo que genera entre sus detractores.

Obrador asegura enfrentará el desafío de impulsar un nuevo frente para combatir la corrupción, la impunidad y la inseguridad que carcomen a la nación Azteca, mientras promete implementar costosas medidas sociales en beneficio de las clases más desfavorecidas.

Y pese a la fuerte inversión que representa, el mandatario reitera que no habrá necesidad de imponer nuevos impuestos ni aumentar los precios de los combustibles más allá de la inflación, porque bajo su dirección, el gobierno aplicará una política de austeridad republicana contra el derroche de los dineros públicos y que promete un duro recorte de sueldos a los altos funcionarios.

El presidente mexicano dio el primer paso respecto a sus promesas electorales y anuncio la venta del avión presidencial bajo el argumento de que es un lujo innecesario. La aeronave que costó más de 218 millones de dólares se utilizó por última vez en el viaje de su predecesor Enrique Peña Nieto a la cumbre del G20.

La austeridad es parte de la marca política de López Obrador, que de momento se rehúsa a vivir en la residencia presidencial conocida como “Los Pinos”, y exhibió el estilo de vida de los exmandatarios al abrirla al público.