La primera reunión de gabinete del presidente estadounidense, Joe Biden, marcó este jueves un profundo contraste con el que solía mantener su predecesor, Donald Trump, quien aprovechaba esos encuentros para someter a su equipo a pruebas de lealtad.

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La sala abierta a la prensa del primer encuentro de Biden con su gabinete ministerial duró menos de tres minutos y solo incluyó declaraciones del presidente, quien adelantó que planeaba dar instrucciones a su equipo sobre cómo sacar adelante su nuevo plan de empleos.

El pequeño contingente de periodistas que sigue cada paso del presidente de Estados Unidos, tuvo que abandonar la Sala Este de la Casa Blanca, mucho antes de lo que habrían tenido que hacerlo si fuera Trump quien encabezara la reunión.

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Trump, en su primer encuentro con el gabinete en junio de 2017, dejó a los corresponsales de la Casa Blanca quedarse en la sala durante casi todo el encuentro, mientras pedía a cada uno de sus ministros que pronunciara unas palabras.

Eso evitó que sus subordinados le plantearan dudas o consejos de forma honesta y prácticamente les forzó a llenar de elogios a Trump, conocido por necesitar muestras constantes de lealtad.

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Quiero agradecerle que haya puesto en marcha de nuevo a este país“, dijo la secretaria de Transporte, Elaine Chao; mientras que la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, proclamó que Trump había dado pie a “una nueva etapa” en Naciones Unidas.

Desde que llegó al poder en enero, Biden ha devuelto a la Casa Blanca la rutina habitual en las Administraciones previas a Trump, en la que el acceso a la prensa está muy calculado para controlar al máximo el mensaje que se transmite al público.

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Biden ha delegado buena parte de la tarea de comunicación a su portavoz, Jen Psaki, que da conferencias de prensa diarias, mientras que Trump prefería ser su propio vocero y a menudo mantenía sesiones espontáneas de preguntas y respuestas con la prensa.

El cambio en las formas no fue el único contraste respecto a las reuniones de gabinete de Trump, donde la mayoría de los integrantes eran hombres blancos, con apenas cuatro mujeres, un negro y un latino en su equipo original.

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Mientras, el gabinete de Biden es el más diverso de la historia del país, con diez mujeres, seis estadounidenses negros, cuatro hispanos y la primera mujer nativa americana que llega a un gabinete, la secretaria de Interior, Deb Haaland.

Al comienzo de su primera reunión de gabinete, Biden encargó a cinco de sus ministros encargarse de promocionar el plan de 2,3 billones de dólares que la Casa Blanca, de salir adelante en el Congreso, crearía millones de empleos mientras reforma las infraestructuras del país y recorta las emisiones de carbono.

Los encargados de esa misión son los secretarios de Transporte de EE.UU., Pete Buttigieg; de Energía, Jennifer Granholm; de Comercio, Gina Raimondo; de Trabajo, Marty Walsh, y de Vivienda y Desarrollo Urbano, Marcia Fudge.