Los médicos están reportando una extraña condición en algunos niños contagiados por COVID-19 que, por lo general, se presenta varias semanas después de la infección.

El caso de Braden Wilson, un adolescente de 15 años, ha conmocionado a los habitantes de California, en Estados Unidos, porque el virus le provocó un daño despiadado en forma de síndrome inflamatorio.

Aunque el niño fue conectado a un ventilador y una máquina de circulación extracorpórea, los especialistas no pudieron evitar que sus órganos principales fallaran.

«Oficialmente dijeron que tenía muerte cerebral (…) Mi hijo se había ido», contó entre su madre, Amanda Wilson, al diario The New York Times.

Según el prestigioso medio, lo que pasó con Braden es llamado «síndrome inflamatorio multisistémico en niños» (MIS-C por sus siglas en inglés). Los galenos están preocupado por el sorprendente aumento en la cantidad de jóvenes con esa afección.

Tal vez lo más preocupantes para los médicos es que ahora hay más pacientes enfermos con esta condición que durante la primera ola del coronavirus.

 

 

Según la Dra. Roberta DeBiasi del Children’s National Hospital en Los Angeles, en la primera ola aproximadamente la mitad de los pacientes necesitaban tratamiento en UCI, pero ahora el 80 o 90 por ciento lo requiere.

Una condición rara

Las cifras hasta diciembre de 2020 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran 2.060 casos con este síndrome en EE.UU, dejando 30 muertes.

La edad promedio fue entre 9 y 20 años. La mayoría han sobrevivido y regresado a casa en condiciones relativamente saludables, pero los médicos no aseguran que no vayan a experimentar problemas cardíacos en el futuro.

 

 

Los médicos no saben con certeza qué factores predisponen a los menores de edad al síndrome, pero la mayoría de los pacientes dan positivo en la prueba de anticuerpos covid que indican una infección previa.

¿Cuáles son sus síntomas?

Según los datos en Estados Unidos, el síndrome puede provocar fiebre, sarpullido, ojos rojos o problemas intestinales.

En los casos más graves, puede suceder una disfunción cardíaca o un shock cardiogénico. Este último impide que el corazón aprete lo suficiente para bombear sangre.

 

 

Otros pacientes desarrollan miocardiopatía, que endurece el músculo cardíaco, provocando un ritmo anormal.

Según la Dra. Jane Newburger del departamento de cardiología del Boston Children’s Hospital, los pacientes con obesidad y algunos niños mayores parecen estar peor.