Delincuentes de origen colombiano, chileno y peruano están dando dolores de cabeza a la policía en Francia. Se trata de nuevas bandas delictivas cada vez más sofisticadas.

Según las últimas cifras disponibles, de 2018, 121 sudamericanos fueron detenidos en París por robos. Una cifra “seis veces mayor” que la de 2015 y que sigue creciendo.

“Desde hace poco más de un año, constatamos una explosión del fenómeno en Francia”, afirma Marc*, jefe del grupo de la Brigada de Represión del Bandidaje (BRB), de la policía de París.

Uno de los casos más recientes parecía el robo perfecto. Para no levantar sospechas entre los vecinos estacionaron un furgón en medio de un bosque.

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Luego caminaron tres kilómetros entre la arboleda, haciéndose pasar por excursionistas, y entraron ilegalmente a una casa en un suburbio acomodado del oeste de París.

En tan solo unos minutos desvalijaron la vivienda y salieron de ella con un jugoso botín de dinero en efectivo, joyas y marroquinería de lujo, estimado en 40.000 euros (unos 47.000 dólares).

Pero al regresar a su vehículo se toparon con una mala sorpresa: los agentes de la BRB les estaban esperando.

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Los dos sospechosos, que serán juzgados a finales de marzo por “robo agravado”, fueron identificados como ciudadanos chilenos.

El modus operandi suele ser el mismo: “Las bandas se forman en bares, restaurantes o lugares de encuentro de la comunidad sudamericana en París o sus suburbios”, señala a la AFP el investigador.

“De ahí salen todas las mañanas, recorren entre 150 y 200 kilómetros y localizan áreas donde cometer sus fechorías. En el camino de vuelta dan sus golpes. Pueden ser uno, dos o tres en un mismo día”, agrega.

Visas de turistas

Algunos grupos pueden cometer robos más selectivos. A finales de 2018, la BRB desmanteló una banda que tenía por blanco ferias o salones internacionales.

“Tenían un catálogo de ferias y salones y se desplazaban por toda Francia en función de éstas. En un día podían desplumar un puesto de joyas artesanales en Bourg la Reine (a las afueras de París) y al día siguiente una tienda de Rolex en Nîmes (al sur de Francia)”, señala Antoine*, investigador.

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El botín de los atracos se vende, a veces “la misma noche”, a través de los circuitos clásicos de liquidación de objetos robados.

El resto se envía en paquetes a sus países de origen: “en el interior hay relojes, teléfonos, pero también bolígrafos y cuadernos para dibujar. Ayudan a las familias”, dice el investigador.

Al otro lado del Atlántico, las autoridades han creado unidades especializadas encargadas de analizar los perfiles de estos delincuentes internacionales.

“Algunos ya se encuentran fuera del país desde hace bastante tiempo y otros viajan con visas de turistas”, afirma Christián Serón, jefe del departamento de asuntos internacionales de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI).

“Generalmente no forman parte de grandes organizaciones criminales. Algunos pueden tener un apoyo logístico, como un vehículo o un lugar donde quedarse, pero es un tipo de organización muy básica”, añade el comisario chileno.

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Las embajadas de Colombia y Perú en Francia no respondieron a los pedidos de entrevistas de la AFP sobre este tema.

Delincuentes “millenials”

Estos delincuentes “millennials”, que en su gran mayoría tienen menos de 30 años, suelen mostrar sus botines en las redes sociales.

“Publican selfis luciendo sus ‘trofeos’, se muestran paseando en grandes capitales, ostentando joyas o fajos de billetes”, detalla Serón.

Antes, estas bandas operaban sobre todo en España, que es el principal destino en Europa de la migración sudamericana, pero poco a poco se aventuraron a otros países.

“Cuando comencé en la policía judicial en 2006 estos grupos ya operaban en Madrid y Barcelona”, recuerda Héctor*, oficial de enlace de la Guardia Civil española en la Dirección Central de la Policía Judicial francesa.

“Al principio cometían sus robos de forma rudimentaria, sin sutileza, pero hubo una evolución”, explica. Cita como ejemplo una banda de chilenos, desmantelada en 2017, que reventaba cajeros con gas acetileno.

Los investigadores franceses comienzan también a notar una “profesionalización”. “Están mucho mejor establecidos, son más eficaces y también cada vez más violentos. Ahora conocen la topografía, las rutas de tráfico, tienen contactos”, explican.

Francia, “base europea”

Debido a su posición central en el continente, los investigadores creen que Francia se ha convertido en la base europea de estas bandas criminales.

Desde allí recorren largas distancias y no conocen fronteras: un día están en París y al siguiente pueden aparecer en Alemania, Holanda o Suiza.

Esta gran movilidad complica el trabajo de los investigadores. “Cuando identificamos a un grupo, es una carrera contra el tiempo”, apunta Marc.

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Frente a esta delincuencia globalizada, la cooperación internacional se está poniendo en marcha, pero todavía no tiene la “fluidez” necesaria.

“Hoy en día, por ejemplo, no podemos seguir a un equipo que se desplaza de un país a otro”, lamenta el investigador francés.

*Los nombres fueron modificados por motivos de confidencialidad.