La situación generada en el planeta por el coronavirus, que ha obligado a un confinamiento de la población, ha desplomado la contaminación atmosférica hasta niveles nunca vistos, pero en vísperas del Día Mundial de la Tierra (22 de abril) los expertos instan a no desatender «el verdadero origen» de la pandemia: la crisis climática y de biodiversidad.

Según las imágenes captadas por la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2) han caído entre un 40 y un 50 por ciento en las principales ciudades del continente más afectado por la pandemia respecto a los niveles de hace un año, la misma tendencia que apreció la NASA sobre otras regiones del mundo, como Estados Unidos o China, donde el NO2 disminuyó entre un 30 y un 40 por ciento en ambos casos.

Pero los expertos recuerdan que la COVID-19 es también la cara visible de la pérdida de biodiversidad, la deforestación, la ganadería intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, que, con el cambio climático como amplificador, ahogan el planeta.

El Día de la Tierra 2020 coincide con el denominado por la ONU “súper año” de la biodiversidad, en que la XV Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica prevé abordar un Marco Mundial con objetivos ambiciosos para proteger la naturaleza y hacer frente a amenazas como la deforestación.

“Tener ecosistemas sanos es nuestro mejor antivirus”, afirma Luis Suárez, coordinador de Conservación de WWF España, que destaca la directa relación entre la salud de la Tierra y la del ser humano e insiste en que, tras el confinamiento, «la única salida será la inversión verde, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la naturaleza».