Según el equipo de derechos humanos de la ONU que ha investigado las atrocidades ocurridas recientemente en Birmania, los ataques contra la minoría rohinyá fueron ejecutados con el fin premeditado no sólo de expulsar a los habitantes de sus pueblos, sino de impedirles el retorno.

Esos «brutales ataques fueron bien organizados, coordinados y sistemáticos (…) La estrategia consistía en inocular un miedo y un trauma profundos a nivel físico, emocional y psicológico» dice el informe.

Los autores de la violencia contra la rohinyás, una minoría musulmana asentada en el estado de Rakáin han sido las fuerzas de seguridad birmanas que en ocasiones actuaba con la complicidad de individuos armados budistas de la zona.

La misión de la ONU recogió esta información entre el 13 y el 24 de septiembre a partir de testimonios recogidos entre refugiados rohinyás que han logrado llegar a la localidad bangladesí fronteriza de Cox Bazar.

Para entonces se estimaba que habían llegado allí 270.000 refugiados, una cifra que menos de tres semanas después ha pasado a 590.000, según los últimos datos de la ONU.

REDACCIÓN INTERNET – CM&