Jake fue diagnosticado con una especie rara de leucemia días antes de que cumpliera nueve años, su abuelo fue quien se percató de los primeros síntomas, el lamentable dictamen se dio en el Reino Unido.

Todo empezó cuando los padres del niño, Adam Whittingham y Megan Clark, creyeron que Jake había contraído una especie de infección viral de invierno en noviembre del año pasado, luego de que se sintiera mal. 

Según sus padres, el menor es propenso a enfermarse cada año durante la “temporada de gripe”, pero fue llevado al médico, en donde le recetaron algunos antibióticos después de que el doctor pensara que era una infección bacteriana.

Sin embargo, al día siguiente, luego de despertarse, los padres de Jake se dieron cuenta de que se había “hinchado”, afirmó su tío, Aidan Whittingham, de 28 años. 

Aidan dijo al medio local Yorkshire Live: Mi papá es enfermero y le aconsejó a mi hermano que lo llevara al médico y lo pasaron al hospital. Para cuando llegó al hospital, estaba tan anémico que sus órganos habían fallado, por lo que en realidad le salvaron la vida ese día y era cuestión de saber si sobreviviría”.

A sus padres les informaron que Jake tenía leucemia linfoblástica aguda, una forma rara de cáncer de la sangre. El doloroso hecho se dio justo unos días antes de que Jake cumpliera años.

El tío del niño agregó que le hicieron pruebas y descubrieron que su corazón y sus riñones estaban fallando, por lo que fue más o menos directo a las transfusiones de sangre y esas cosas”.

Jake es autista y tiene problemas sensoriales, por lo que no siempre le gusta que los toquen. Aidan dijo que “ni siquiera puede comenzar a pensar” a lo que fue sometido su sobrino en el hospital.

“Se notaba que estaba realmente enfermo porque de lo contrario habría estado pateando y gritando, pero simplemente se sentó y dejó que ellos siguieran adelante” agregó.

Por su estado de salud el niño tuvo que pasar su cumpleaños en el hospital, pero luego de una estabilización logró tener una pequeña celebración en la sala del centro de salud.

Jake estuvo durante dos semanas en el hospital y pudo irse a casa para Navidad, pero ahora tiene una larga lucha por delante, ya que “son al menos dos años de tratamiento”.