La presidenta Dilma Rousseff se enfrenta a un posible juicio político, o “impeachment”, después que este miércoles el senado, en cabeza de 81 representantes, decida su suerte en un momento en el que el país afronta una difícil situación económica, escándalos por corrupción, desempleo, inflación y déficit presupuestal de su gobierno.

Mientras Rousseff sostiene que “nunca” renunciará a su gobierno, miles de manifestantes se lanzan a las calles de las principales ciudades de Brasil para apoyar y atacar a la primera mandataria. “íFuera Dilma!” fueron las arengas que se gritaron el pasado 13 de marzo entre unos tres millones de manifestantes en todo el país.

Luego de la recesión económica que enfrentó Brasil en el segundo trimestre de 2015, el nombramiento de quien fuera su padrino político y expresidente del mismo país, Luiz Inácio Lula da Silva, como Ministro de Gobierno, segundo cargo más importante de ese gobierno, elevó a nivel crítico la tensa situación de su mandato.

Este nombramiento blindaba al expresidente de un fuero presidencial que evitaría una posible detención preventiva solicitada por los fiscales estatales ante las acusaciones por corrupción, lavado de dinero, entre otras.

La crisis empeoró y ante la sorpresiva decisión del nuevo presidente interino de la Cámara de Diputados en Brasil de suspender el proceso de “impeachment”, el líder del Senado decidió ignorar su decisión dejando ver también el enfrentamiento al interior de la política brasileña, una contienda que busca juzgar y destituir a su presidenta por el supuesto delito de déficit presupuestal del gobierno usando fondos de banco públicos, prohibido por una ley de responsabilidad fiscal.