Donald Trump y Boris Johnson, Boris Johnson y Donald Trump. Parece como si los planetas se hubiesen alineado para revivir la histórica «relación especial» entre Estados Unidos y el Reino Unido.

Pero la relación podría volverse complicada entre dos dirigentes considerados egocéntricos y con intereses muchas veces divergentes.

Tras confirmarse la victoria de Johnson en las elecciones internas del Partido Conservador, el saludo de Trump no se hizo esperar.

«Felicitaciones a Boris Johnson por convertirse en el nuevo primer ministro de Reino Unido. ¡Será genial!», tuiteó el presidente estadounidense, que en los últimos meses no ha ahorrado superlativos para elogiar a «Boris».

La calidez de Trump hacia Johnson está en las antípodas del trato que dispensa a la primera ministra saliente, Theresa May, a quien criticó en múltiples ocasiones y de quien opinó que hizo «un muy mal trabajo con el Brexit».

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Que la era Trump-May resultó nociva para las relaciones entre los dos grandes aliados transatlánticos, lo que quedó demostrado con la renuncia a principios de julio del embajador británico en Washington, Kim Darroch, luego de que se filtraran cables diplomáticos confidenciales en los que este tildaba a Trump de «inestable» e «incompetente».

Cabelleras rubias

Son varias las razones que pueden explicar esa posible asociación.

Nacido en Nueva York, el nuevo líder de los Tories está decidido a dejar la Unión Europea cueste lo que cueste el próximo otoño y representa una clara perspectiva pro Estados Unidos con una afinidad profundamente arraigada hacia la alianza transatlántica.

Esa mirada combina a la perfección con un Trump pro-Brexit y anti Unión Europea.

Todo, hasta la cabellera rubia, parece acercar a estos dos hombres que han llegado al poder montados a una creciente ola populista.

Son compatriotas ideológicos, a la derecha, con una orientación más populista y en contra de la corrección política.

Al mismo tiempo, es una relación mucho más volátil e incierta.

Así como los dos buscan la luz de los reflectores, puede que se saquen chispas si Johnson, dueño de un largo historial de metidas de pata, arroja sombra sobre el susceptible inquilino de la Casa Blanca.