Estados Unidos advirtió que sus puertos de entrada al país en la frontera sur «están llenos» y los integrantes de las caravanas deberán «esperar en México» para solicitar asilo en esos puntos, la única vía que ha dado la Casa Blanca a los migrantes para reducir sus opciones de ser deportados.

Tras la llegada de más de mil indocumentados a la localidad fronteriza de Tijuana (México), un portavoz de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, en inglés) recordó que ahora mismo no se está dejando entrar a los inmigrantes que se presentan en los puertos de entrada legales y solicitan asilo allí.

«Los puertos de entrada están llenos a capacidad. Las personas que vengan a presentar su reclamo de asilo van a tener que esperar en México a que tengamos espacio y cupo en esos puertos de entrada. Van a tener que tener paciencia», dijo el portavoz de la CBP, Carlos Díaz.

El mensaje coincide con el enviado por las autoridades del estado mexicano donde se encuentra Tijuana, Baja California, que alertaron de que antes de que llegara esta caravana ya había 4.000 personas aguardando para pasar por el puerto de entrada, lo que augura una espera de «cuatro meses mínimo» a los que llegan ahora.

Varias organizaciones de defensa de los migrantes denuncian desde hace meses que a los indocumentados que llegan a los puntos de entrada se les pide volver más tarde, y sospechan que esa política se debe a un deseo de retrasar o contener la inmigración ilegal en lugar de a un problema de capacidad, como argumenta la CBP.

El presidente estadounidense, Donald Trump, emitió la semana pasada una orden por la que, al menos durante los próximos 90 días, solo podrán solicitar asilo aquellos que entren por puntos de acceso autorizados y no aquellos que crucen irregularmente la frontera, lo que limita las opciones de los miembros de las caravanas.

La Casa Blanca también alertó que solo a «un pequeño porcentaje» de los inmigrantes que solicitan asilo en EE.UU. se les concede, y pidió evitar «los riesgos» del viaje, en palabras del encargado de Latinoamérica en el Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., Mauricio Claver-Carone.