El secretario de Defensa Jim Mattis anunció su salida del gobierno de Estados Unidos, en medio de un coro de protestas contra la decisión del presidente Donald Trump, de retirar las tropas de Siria y reducir el contingente desplegado en Afganistán.

La dimisión de Mattis, hombre respetado en la escena internacional y que encarnaba de alguna forma la estabilidad en el seno de una administración muy turbulenta, es un desaire para el presidente estadounidense, que parece cada vez más aislado.

En una carta a Trump, el exgeneral de 68 años, que sostenía una relación complicada con el mandatario desde hace varios meses, insistió en la necesidad de Estados Unidos de «tratar a los aliados con respeto».

«Usted tiene el derecho de tener un secretario de Defensa cuyos puntos de vista estén mejor alineados con los suyos (…) creo que lo correcto para mí es renunciar a mi cargo», aseguró Mattis, marcando su desacuerdo con un Trump que en los últimos meses se enfrentó a los dirigentes de las principales potencias occidentales.

En su carta, el secretario no habla directamente del tema sirio, sino para citar la coalición internacional contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) como ejemplo de la utilidad de las alianzas.

Pero claramente su salida es interpretada como un marcado desacuerdo con Trump, que el miércoles anunció el retiro -en el menor tiempo posible- de unos 2000 soldados estadounidenses desplegados en Siria.

Según el diario turco Hürriyet, Trump tomó esa decisión tras una llamada telefónica con su homólogo turco Recep Tayyip Erdogan, en la que este último se comprometió a luchar contra los yihadistas.

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En Twitter, Trump no habló de renuncia e indicó solamente que Mattis dejará sus funciones a fines de febrero y que nombrará un sucesor próximamente.