Estados Unidos le pidió al presidente de Turquía mostrar las evidencias que tiene de que un clérigo turco, residente en Pensilvania, habría instigado el fallido golpe en su contra, para proceder a su extradición.

Tras el fallido golpe de estado en Turquía, su presidente Recep Tayyip Erdogan, anunció, mientras asistía a los funerales de 290 de los fallecidos, que empezará a gestionar la reintroducción de la pena de muerte, abolida en 2004, para los golpistas detenidos.

El presidente turco también pidió a sus seguidores que continúen con las protestas en las calles hasta el viernes, porque según Erdogan las amenazas para sacarlo del poder siguen latentes.

Los tanques y carros militares son retirados de las calles, los 6.000 detenidos son interrogados para que den pistas de las personas que armaron el plan para derrocar al presidente turco. Erdogan anunció el inicio de una purga militar y judicial en la que ya han sido destituidos 2.745 jueces, fiscales y magistrados y 2.839 militares.

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La tensión ya traspasó fronteras. El gobierno turco acusa a Estados Unidos de estar detrás del golpe de estado por su negativa de extraditar al clérigo, Fethullah Gülen, quien dirige una comunidad islámica con 160 escuelas en el mundo, desde Pensilvania y quien fue acusado por el presidente turco de instigar el fallido golpe.

El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry ha dicho que insinuar la participación estadounidense en estos hechos es falso y dañan las relaciones bilaterales. Y que hasta no tener las pruebas que vinculen a Gülen en los hechos, él no será extraditado.

Precisamente a las afueras de Pensilvania, en donde vive el líder islamista, algunas personas con banderas turcas manifestaron su respaldo a Gülen.