Desde que empezó la pandemia y hasta el 18 de abril, Estados Unidos podría haber registrado unos 6,4 millones de casos de COVID-19, de los que solo tenía confirmados unos 700.000.

Esto significa que el número de contagios fue «ampliamente subestimado» y que el 89 % de los casos pasó desapercibido.

Así lo pone de manifiesto un estudio publicado hoy en Nature Communications, liderado por Jade Benjamin-Chung, del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Universidad de Berkeley, California.

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A partir de ahí, en los primeros meses de la crisis sanitaria, el Centro de Control de Enfermedades estadounidense recomendó que se priorizaran las pruebas para los pacientes hospitalizados que tendían a presentar síntomas moderados o graves.

Sin embargo, los estudios sugieren que entre el 30 y el 70 % de los individuos que dan positivo en las pruebas del virus presentan síntomas leves o pueden no tener ninguno.

El estudio concluye que entre el 28 de febrero y el 18 de abril, el número total de infecciones por SARS-CoV-2 fue de 6.454.951 (19 por cada 1.000 personas).

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Esta es una estimación 9 veces mayor que el número de casos confirmados durante el mismo período (2 por cada 1.000 personas) y que sugiere que el 89% de las infecciones no fueron documentadas.

En 33 estados, el número estimado de infecciones fue al menos 10 veces mayor que el número de casos confirmados.