Los ministros de Relaciones Exteriores de Estados Unidos y Rusia trataron de aplacar la tensión en su primer encuentro desde que el presidente Joe Biden asumió el cargo, declarando que están dispuestos a cooperar aunque hicieron advertencias que reflejan el abismo existente entre los dos países.

Pese a numerosas “divergencias”, “nuestra visión es que si los dirigentes de Rusia y Estados Unidos pueden trabajar cooperando” frente a los desafíos comunes “el mundo será más seguro”, declaró el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken durante un encuentro bilateral con Serguéi Lavrov en la capital islandesa al margen del Consejo del Ártico.

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Uno de los objetivos de la reunión es confirmar la próxima celebración de una cumbre entre el presidente estadounidense y su homólogo ruso, Vladimir Putin.

“Pero si Rusia se comporta de forma agresiva contra nosotros, nuestros socios o nuestros aliados, responderemos”, advirtió Blinken, pidiendo no obstante una relación “estable y previsible”.

 

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“Estamos dispuestos a hablar de todo tipo de temas, sin excepción, siempre que el diálogo sea honesto (…) y se base en el respeto mutuo”, respondió Lavrov.

Frente a la prensa, antes de un cara a cara a puerta cerrada, la conversación fue cortés, al contrario de lo que ocurrió en el primer encuentro entre Blinken y su homólogo chino en marzo en Alaska.

Y eso que las declaraciones previas al cara a cara no presagiaban la “desescalada” que Washington y Moscú decían buscar en un momento en que las relaciones bilaterales atraviesan su peor momento desde el final de la Guerra Fría.

Blinken, quiere convertir el Ártico en un laboratorio para una cierta cooperación enfocada en desafíos comunes, como la lucha contra el calentamiento global.