El último gran grupo terrorista de Europa, ETA anunció su disolución, sin haber conseguido ningún objetivo político y con casi 300 terroristas en cárceles de España y Francia, gracias a la labor judicial y policial, que ha cercado a la banda.

ETA nació a finales de los años 50 del pasado siglo, en plena dictadura franquista, y en esta primera etapa cometió su atentado más grave: el asesinato en 1973 en Madrid del entonces presidente del gobierno, Luis Carrero Blanco, cuyo vehículo saltó por los aires al estallar una bomba colocada bajo el asfalto.

Sin embargo, desarrolló la mayor parte de su actividad en democracia, sistema político que intentó desestabilizar en los primeros años, tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, con múltiples atentados dirigidos sobre todo contra militares y fuerzas de seguridad.

El primer crimen reconocido por la banda fue el de un guardia civil en 1968 y el último, un gendarme asesinado en Francia en 2010.

La banda terrorista atemorizó al País Vasco y al resto de España con atentados, secuestros y extorsiones.

Aunque el discurso de ETA era que luchaba contra el Estado español que oprimía al pueblo vasco, el 40 por ciento de sus víctimas fueron civiles por atentados indiscriminados con bombas: El más cruento fue el de un supermercado en Barcelona, en 1987, donde murieron 21 personas.

Después de años de ataques, en 1995 inauguró una nueva estrategia conocida como “socialización del sufrimiento”. A partir de entonces asesinó a 25 políticos, sobre todo del Partido Popular y del PSOE, pero también a periodistas, jueces y abogados, como el expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente.

A lo largo de casi cinco décadas, los distintos gobiernos de España intentaron acabar con ETA, tanto por la vía policial y judicial como por los contactos discretos, entre ellos los conocidos como “conversaciones de Argel” a finales de los 80.

En 2011, el grupo anunció “el cese definitivo de su actividad armada”, cercada por las actuaciones policiales, tanto en Francia como en España, con desarticulaciones sucesivas de sus cúpulas dirigentes.

Desde entonces dio nuevos pasos hacia su disolución. El más reciente fue el pasado 20 de abril, cuando reconoció el “daño causado” a las víctimas y les pidió perdón, aunque solo a las que no estaban relacionadas “directamente” con lo que ellos siempre califican de “conflicto”.

ETA llega al final de sus días con casi 300 miembros en la cárcel y sin haber llegado a ningún tipo de acuerdo con el Gobierno español para su excarcelación o el acercamiento a prisiones del País Vasco.

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