El presidente Jair Bolsonaro enciende los motores para que los brasileños vean rápidamente cuáles son las medidas con las que pretende enderezar el país.

Bolsonaro, tanto ante el Congreso como ante la multitud congregada ayer frente al presidencial Palacio de Planalto, «habló para la platea, habló para los electores», sin mencionar las reformas económicas reclamadas por los inversores que le dieron su apoyo.

El apoyo futuro de los mercados dependerá en particular de la posibilidad de que el ministro de Economía, Paulo Guedes, logre avanzar en su programa de saneamiento fiscal, privatizaciones y desburocratización, para dinamizar una economía que sale de dos años de recesión y de otros dos de débil crecimiento.

Hoy toman posesión formal los 22 ministros del nuevo gobierno, en su mayoría con poca experiencia política. Entre ellos hay siete militares, aparte del vicepresidente, el general retirado, Antonio Hamilton Mourao. El propio Bolsonaro es un excapitán del Ejército.

Una agenda de acción divulgada la semana pasada fija cuatro etapas a 10, 30, 60 y 90 días para la identificación y el encaminamiento de propuestas prioritarias, así como para la eventual revocación de decretos y leyes existentes.

Ayer, en la primera (y esperada) medida como presidente, Bolsonaro decretó subir el salario mínimo a los 998 reales (262 dólares), levemente por debajo de los 1006 reales proyectados por el gobierno de Temer.

La agenda también crea un «Consejo de gobierno» que se reunirá todos los martes, integrado Bolsonaro, sus ministros y Mourao, que es uno de los pocos miembros del equipo que multiplica declaraciones, a veces en sintonías diferentes de las de Bolsonaro.

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Otro peso pesado del nuevo equipo, aparte de Mourao, será precisamente el de Justicia, Sergio Moro, un emblema de la Operación Lava Jato, que llevó a la cárcel a decenas de políticos, incluyendo al expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

En sus discursos de ayer al asumir la presidencia, Bolsonaro pidió ayuda de los congresistas para «restaurar y volver a erguir a nuestra patria, liberándola definitivamente del yugo de la corrupción, la criminalidad, la irresponsabilidad económica y la sumisión ideológica».

«Vamos a valorar la familia, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeo-cristianas, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores», proclamó.