Los esposos Candace y Terry Ayers recibieron con mucha emoción en marzo la segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19 en EE. UU.

“Somos una familia que cree en la ciencia. Creemos en las mascarillas y creemos en las vacunas. Estábamos listos para volver a la normalidad”, afirmó uno de sus hijos.

Sin embargo, y lastimosamente, Candace murió por COVID-19 hace unos días tras un viaje con su esposo, a uno de los estados con la menor tasa de vacunación en Estados Unidos, Mississippi.

 

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Así pues, la familia publicó su obituario en un periódico local, el cual decía:

“Candace Cay (Kruger) Ayers, de 66 años, de Springfield, falleció el 3 de septiembre de 2021 en el Hospital St. John en Springfield, IL. Más de 4.531.799 personas más infectadas con COVID-19 la precedieron en la muerte. Se vacunó, pero otras personas que optaron por no hacerlo la contagiaron. El costo fue su vida”.

La familia afirmó que escribir los números diarios de muertes de COVID-19 en todo el mundo en el obituario de la mujer les pareció una buena manera de hacer reflexionar con la cruda realidad a las personas que aún no se han vacunado o que no usan tapabocas.

Aunque las vacunas protegen contra enfermarse gravemente y hasta morir por el COVID-19, aún existe la posibilidad de contraer el virus, y en casos tan raros como Candace, morir por ello, ya que tenía artritis reumatoide severa, una comorbilidad que la hacía más vulnerable.