La guerra en Oriente Medio ha marcado grandes secuelas, una de ellas son los miles de refugiados que dejaron sus ciudades para huir de la violencia.

En uno de los campos de Siria conviven personas de 55 nacionalidades, que vinieron porque su familia decidió unirse al Estado Islámico o varios de ellos porque estuvieron en las filas de esa organización radical islamista.

Continúan trabajando en varios proyectos, uno ya realizado es el de la escuela donde los niños reciben educación tanto en árabe como en inglés, las lenguas más comunes en esa región del país. Están trabajando además en un proyecto para conseguir fondos que les permitan crear el hospital de mujeres que tanta falta hace en esta comunidad.

Más del 70 % de las personas que viven en este campo de refugiados provienen de Europa, sus países no quieren recibirlos de vuelta, la mayoría de ellos son inmigrantes de Holanda, Bélgica o Reino Unido, pero infortunadamente la comunidad internacional no reconoce el esfuerzo hecho por los kurdos para luchar contra el Estado Islámico.

Uno de los problemas de estos campos de refugiados es su falta de recursos económicos para sobrevivir, por lo que han creado unas pequeñas tiendas que les permiten intercambiar productos, pero además vender los alimentos que son preparados por las mujeres que viven aquí.

Muchos de los que viven en estos campos, han pedido a sus gobiernos que los repatríen, pero a pesar de las gestiones hechas por las autoridades del norte de Siria, no han logrado una respuesta positiva.