Freda Wineman fue una de las pocas mujeres que sobrevivió al Holocausto Nazi, que vivió en carne propia y pudo contar al mundo entero los más fatídicos horrores vividos en los campos de concentración en Auschwitz (Polonia) durante la Segunda Guerra Mundial.

La mujer, que falleció a sus 98 años el pasado 3 de enero, dedicó el resto de su vida a contar su historia de supervivencia a menores del Reino Unido en escuelas.

Hoy, Freda Wineman reposa bajo un ataúd en Inglaterra, con la plena consciencia de haber liderado gestas heroicas a escala personal y mundial.

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Josef Mengele, su familia y Auschwitz

Freda Wineman sobrevivió a cuatro campos de concentración en Auschwitz; Bergen-Belsen, Buchenwald’s, Ragun y Theresienstadt, antes de ser liberada en mayo de 1945. 

Wineman se había mudado a Metz (Francia) a sus 8 años, en conjunto con sus padres y sus tres hermanos. Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzaba, su familia fue evacuada de esa frontera. Sus vidas cambiaron para siempre desde ese momento.

Freda y su familia fue capturada y llevada al vagón del ganado de un tren, con 125 personas hacinadas, directo a Auschwitz.}

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A los cuatro días de haber llegado al Polonia, Freda y su familia tuvieron que enfrentarse a Josef Mengele, el ángel de la muerte, soldado nazi y doctor que realizó experimentos mortales con los prisioneros que no eran llevados a las cámaras de gas.

‘Tú vas con los jóvenes allá. Los jóvenes van a trabajar y los mayores van a cuidar a los niños’, fueron las palabras que Wineman recordó de Mengele, las cuales dividieron los distintos sacrificios a los que su familia fue sometida.

Su madre fue enviada a la cámara de gas con su hijo pequeño Marcel, mientras que su padre y sus hermanos fueron enviados a trabajar en el campamento masculino.

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Sus trabajos en los campos de concentración

Wineman recibió la orden de ir con otras mujeres jóvenes que habían sido seleccionadas para trabajar en el campamento nazi.

A la mujer tuvo que pasar ocho años de su periodo en la Guerra cavando trincheras frente al crematorio, viendo con sus propios ojos como los judíos eran cremados en las cámaras de gas. 

Freda también tuvo que realizar labores en los famosos almacenes de Kanada, clasificando las pertenencias de los prisioneros y las víctimas de asesinatos, cuyas posesiones eran vendidas para financiar al régimen nazi.

‘Te puedo asegurar que cuando pasaste a Mengele, no lo miraste a los ojos, te puedo asegurar, no pudiste pasar lo suficientemente rápido, porque sabías que si él señalaba con el dedo, esa era tu sentencia de muerte’ confesó Wineman.

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‘Libertad en cadenas; pedagogía para la eternidad’

Freda Wineman fue liberada el 9 de mayo de 1945, al fin de la Guerra, por las tropas soviéticas. Sin embargo, su libertad se pintó de gris y se tachó de cicatrices eternas.

Wineman descubrió que su padre y su hermano Marcel habían sido asesinados en Auschwitz. 

En junio de ese mismo año, Freda se trasladó a Lyon (Francia), donde fue hospitalizada, rehabilitada y en el que logró reunirse nuevamente con sus otros dos hermanos sobrevivientes, David y Armand.

Cinco años después, se casó con su esposo David y se mudó a Reino Unido, tuvo dos hijos y dedicóf el resto de su vida a la pedagogía para difundir la conciencia sobre el Holocausto a los más jóvenes. 

Wineman, quien recibió la Medalla del Imperio Británico en 2018 por su servicio a la educación sobre el Holocausto, continuó viviendo en Londres hasta el día de su muerte.