La batalla por el control de Idlib, el último bastión opositor al Gobierno sirio deja ya más de 30.500 desplazados y tiene en alerta a las Naciones Unidas por el futuro de las tres millones de personas que residen en esa ciudad, miles de civiles en su mayoría mujeres y niños ven sus vidas en riesgo.

Mark Lowcock, subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, aseguró que «tienen que haber maneras de solucionar este problema sin que Idlib se convierta en la peor catástrofe humanitaria con la mayor pérdida de vidas humanas del siglo XXI»

Los bombardeos que ya dejan nueve muertos, entre ellos dos niños, se han intensificado para doblegar a las organizaciones yihadistas que controlan el 60 % de esta provincia y a los grupos rebeldes que se levantaron contra el Gobierno en 2011 y controlan el 40 % restante, antes del ingreso de miles de tropas leales al Gobierno para retomar el control de la ciudad.

Rusia, el principal aliado del presidente Bashar al-Assad, lideró al menos 90 ataques aéreos contra esa región.

Estados Unidos advirtió a Damasco y a Moscú que su respuesta militar, ante un eventual ataque químico en Idlib, será la más contundente hasta ahora lanzada en Siria.

El conflicto en este país cumple más de siete años y ha dejado al menos 350.000 muertos.