El papa Francisco pidió a sus fieles defender la necesidad de ayudar a los pobres y de acoger a los inmigrantes con la misma fuerza con que luchan en contra del aborto, criticó la violencia verbal en la comunicación digital y el hedonismo.

En su tercera exhortación apostólica, titulada Alégrate y regocíjate, el pontífice aborda en 42 páginas y cinco capítulos, los riesgos, desafíos y oportunidades de la santidad en el mundo contemporáneo.

Sobre la pobreza e injusticia de este mundo, manifestó que mientras unos festejan y reducen su vida a las novedades del consumo, otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.

Invitó a sus fieles a luchar por los pobres y los inmigrantes con la misma fuerza con que batallan por ejemplo, contra del aborto.

Enfatizó que las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor que está atontando a la gente y lamentó que impere la violencia verbal en Internet que normaliza «la difamación y la calumnia», que son como un acto terrorista pues se arroja una bomba que destruye, y el atacante se queda tranquilo.

Reiteró la necesidad de acoger a los inmigrantes y rechazó la corrupción espiritual, que dice, es peor que la caída de un pecador, porque es una ceguera cómoda donde todo termina pareciendo lícito.

Sobre la Iglesia, advirtió que no son necesarios «tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados”. Y recalcó que cualquiera puede ser santo con su comportamiento diario: «los padres que crían con amor a sus hijos, quienes trabajan duro para llevar el pan a su casa, los enfermos, o las religiosas ancianas que siguen sonriendo».