Una pareja que festejará 10 años de casamiento en diciembre, desea que la elección presidencial del 3 de noviembre arroje un resultado decisivo para el futuro de su relación.

Pamela y Afshin Raghebi fueron separados desde 2018 por la política migratoria del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

«Lo necesito en casa», dice emocionada la norteamericana, cuyo marido iraní está bloqueado en el extranjero a causa de un decreto presidencial.

Esta política migratoria prohíbe el ingreso a territorio norteamericano a ciudadanos de varios países, principalmente musulmanes.

La ley, apodada «muslim ban» (exclusión de musulmanes) por sus detractores, fue adoptada poco después de la llegada a la Casa Blanca de Trump, quien durante la campaña había dicho «el Islam nos odia».

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En ausencia de cifras oficiales, el centro de reflexión Cato Institute estimó hace un año que unas 15.000 familias fueron separadas por este dispositivo avalado por la Corte Suprema tras meses de batalla judicial.

Entre quienes padecen su impacto figura Pamela Raghebi, quien extraña a su marido a quien conoció en 2010 en un asilo de ancianos de Seattle, donde ella trabajaba y donde el iraní, vidriero, había realizado un trabajo.

Enamorada

«De inmediato me sorprendió su amabilidad con los residentes» ancianos, relata Pamela.

Tras un primer intercambio, una primera cita y otras más, la pareja se casó, abrió su propia vidriería y construyó una vida feliz.

En 2016, iniciaron trámites para que Afshin pudiera obtener documentos legales de residencia permanente.

Este iraní dejó su país cuando tenía unos 20 años para viajar a Suecia, antes de entrar ilegalmente a Estados Unidos en 2006. Para poder regularizar su situación, tiene que salir de Estados Unidos y regresar con una autorización legal.

Por esa razón en 2018 viajó a Turquía, en lo que pensó sería una breve estadía. Sigue allá.

«Es como si mi país me hubiese obligado a divorciarme», deplora Pamela, que tiene dificultades para superar la situación, tanto desde el punto de vista emocional como financiero.

Un milagro

Ramez Alghazzouli, de 31 años, y su esposa Asmaa Khadem Al Arbaiin, de 28 años, también pagaron el precio de esa política.

Esta pareja de sirios, que se había conocido en la universidad de Damasco, fue separada por primera vez por una guerra civil. Él se instaló luego en Arizona como empleado público. Ella viajó a Turquía para reunirse con su familia.

Tras reanudar contacto a distancia, se casaron por poder en 2015 y comenzaron a montar un expediente para que ella pudiera viajar a instalarse con él en Estados Unidos.

Sin embargo, cuando ella se presentó en la embajada estadounidense en 2018 para pedir una visa, un funcionario le explicó que no podría, a causa del decreto presidencial.

Ramez movió cielo y tierra. Abogados, agentes de Aduana, el FBI y hasta la CIA: golpeó todas las puertas, en vano. Fue entonces que decidió apelar a los medios.

Sus esfuerzos terminaron arrojando resultado y en octubre de 2019, la joven recibió la autorización que buscaba: «Fue una especie de milagro, después de haber luchado tanto», comenta el hombre.

El mes pasado, la pareja tuvo su primer hijo, al que llamaron Radwan.

Matrimonios que se deshicieron

El candidato demócrata a la elección presidencial, Joe Biden, prometió que en caso de ser elegido suprimiría el decreto causante de estas situaciones, pero para mucha gente será demasiado tarde.

«Hay relaciones que se rompieron, matrimonios que se deshicieron y gente que tenía apoyos para entrar a Estados Unidos que los perdió», destaca David Bier, analista del Cato Institute.

Como mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas adoptaron un proyecto de ley, el «No Ban Act», para limitar en el futuro la posibilidad de que un presidente impida la entrada de ciertos migrantes.

Sin embargo, el texto quedó bloqueado en el Senado, controlado por los republicanos.

Pamela Raghebi, en cuya familia hay simpatizantes de Trump, quisiera recordar a los conservadores que Estados Unidos es un país de inmigrantes.

Mientras tanto, espera que pierdan las elecciones del 3 de noviembre. «Voten», dice. «Precisamos un nuevo gobierno».