Claudia Aguilera es la viuda de Marcelo Pecci, fiscal antimafia paraguayo, que fue acribillado durante su luna de miel en la Isla Barú, cerca a Cartagena, el pasado 10 de mayo.

Aguilera retornó a Paraguay escoltada por un robusto equipo de guardias, donde aterrizó en la Base Aérea Silvio Pettirossi, de la ciudad de Luque, sitio donde varios medios locales la esperaban.

La mujer, que se desempeña como periodista, decidió no atender a ningún medio en ese momento excepto a un colega en especial: Óscar Lovera, de la cadena local Unicanal, al cual le concedió una charla bajo una serie de condiciones.

Lovera, antes del diálogo, le pidió consentimiento a Aguilera para comentar cosas que ella recordó sobre el instante exacto en que su esposo fue baleado por el grupo de criminales, que llegaron en una moto acuática y de los cuales aún no se tienen identidad.

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Lovera, Aguilera y el crimen de Pecci

Óscar Lovera, en su papel de narrador omnisciente, dice que Marcelo Pecci tenía la costumbre de ir a reservar las sillas reposeras del hotel donde se instalaron con mucha anticipación, pero que en el día del asesinato ella “le pidió que no lo hiciera” y “se sentaran a desayunar tranquilos”:

“Retornaron a la habitación y después de las 7:00 de la mañana, él finalmente fue a hacer esa reserva de las reposeras dejando (algo) ahí (…). Fueron e hicieron ese último día de playa, esas últimas horas de playa, y cuando llegaron las 11:00 de la mañana, ambos se habían parado, o él al menos se había parado como para entrar a caminar ahí sobre el mar un poco, dice Lovera, según lo que le contó Aguilera

El periodista de ‘Unicanal’, citando fragmentos que le desveló Aguilera, dijo que el fiscal, en el momento en que retornaba de esa corta caminata que hizo en la playa, ocurrió el atentado: “Todo fue muy rápido”, sostiene la mujer.

Aguilera sostiene la versión entregada por las autoridades de Colombia y Paraguay, donde afirman que los asesinos llegaron en una moto acuática y, que el hombre que disparó, “estaba a tan solo dos metros de su esposo“.

“El hombre de tez oscura, de 1,78, que tiene sombrero, de una complexión física muy delgada, pero con los músculos muy marcados, así ella lo describe, extendió el brazo directamente hacia Pecci, percutió tres veces el arma, agregó Lovera.

Del mismo modo, Lovera narró una versión completa de lo que sucedió instantáneamente después del crimen, desde los ojos de Aguilera.

“Uno de los disparos lo recibió en el cuello, otro en un costado. Él cae tendido al suelo (…) Posteriormente, ella vuelve y dirige la mirada hacia ese hombre que iba huyendo, porque le costaba un poco entender todo lo que estaba pasando. Y la gente intentó, cuenta ella, que los turistas que estaban ahí intentaron de una u otra manera reaccionar porque ella escuchó que muchos dijeron ‘¡Atrápenlos! ¡Atrápenlos!, cuenta Lovera.

Lovera también sostiene que Aguilera no dimensionó la magnitud del crimen contra su esposo, sino hasta el momento en que vio la cantidad de sangre que derramaba.

“Los estruendos no eran lo suficientemente fuertes. Por eso, no entendía ella. Pensó que era un juego, pensó que se trataba de atractivo turístico, porque al principio no sonaba como un arma. No supo describir qué tipo de detonación fue, prosiguió Olivera. “Ellos fueron directo a él. A mí no me miraron”, contó Aguilera a Lovera.