Una baja inversión en salud durante décadas, un sistema sanitario fragmentado y con déficit de médicos y camas, una informalidad generalizada y una población mayoritariamente obesa y rebelde han confluido en una «tormenta perfecta» que hace de Perú el país con la mayor mortalidad relativa del mundo por COVID-19.

Con más de 29.000 fallecidos por el coronavirus, Perú registra 88 muertes por cada 100.000 habitantes, la tasa más alta a nivel global, y es el quinto país del mundo y el segundo de Latinoamérica en casos confirmados al acumular más de 652.000 contagios.

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1. Baja inversión en salud

Antes de la irrupción del coronavirus, Perú había presupuestado gastar en 2020 cerca de 18.500 millones de soles (unos 5.240 millones de dólares) en salud, un 2,2 % de su producto interior bruto, una de las tasas más bajas de Latinoamérica.

El gasto público de Perú en salud lleva décadas lejos del 6 % del PIB que recomienda invertir como mínimo la Organización Mundial de la Salud en ese sector y muy lejos el 10,1 % de promedio que presentan los países que forman la OCDE.

Es habitual que en los hospitales públicos escaseen los instrumentos hasta para los procedimientos más simples.

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2. Sistema de salud fragmentado

La sanidad pública peruana opera bajo una caótica fragmentación, dividida en dos grandes entes y otros más pequeños con sus propias redes de hospitales y centros médicos que hasta la llegada de la pandemia actuaban en paralelo y sin relacionarse. Para que sea aún más variopinto, las regiones también tienen competencias en salud.

3. Pocos médicos y escasas camas de UCI

Antes de la pandemia, Perú tenía un déficit histórico de 24.000 médicos, según el exministro de Salud Víctor Zamora. Había unos 13 médicos por cada 10.000 habitantes.

Al inicio había apenas 900 camas UCI (2,9 por cada 100.000 habitantes), de nuevo entre los rangos más bajos de la región, según el Panorama de la Salud 2020 de la OCDE. Solo 276 estaban disponibles para COVID-19. Ahora se han incrementado a más de 1.500 camas de UCI.

4. Rebeldía de la población

La población tampoco ha colaborado para evitar el colapso del sistema público de salud al saltarse casi desde el inicio la estricta cuarentena impuesta a mediados de marzo por el Gobierno.

Más de 50.000 personas fueron detenidas durante los dos primeros meses de emergencia por irrespetar la cuarentena y los toques de queda nocturnos.

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5. Extendida informalidad

El 70 % de la población económicamente activa de Perú trabaja de manera informal, sin pagar impuestos y muchos sin un seguro de salud, lo que resta recursos al Estado para poder dar una cobertura sanitaria más amplia.

6. Obesidad

El Ministerio de Salud informó que el 85 % de los occisos por COVID-19 eran obesos, el 43 % diabéticos y el 27 % hipertensos, tres de los principales factores que recrudecen los síntomas del coronavirus.