Con un trámite impuesto por el presidente de Rusia, Vladimir Putín, los niños sacados de forma clandestina de Ucrania podrían obtener la ciudadanía rusa sin “cuidado parental”.

Andriy Yermak, jefe administrativo de la oficina del presidente Volodymyr Zelensky, dijo esta semana que Rusia deportó por la fuerza a 232.000 niños ucranianos a su territorio desde el comienzo de la invasión, de ellos, 2.161 son huérfanos o están separados de sus padres.

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Según Ucrania, en total y hasta la última semana, habían sido deportados 1.185.000 ucranianos que fueron repartidos por todo el enorme territorio ruso. “Muchos a aldeas perdidas del Extremo Oriente y Siberia”.

De esta manera, Yermak explicó que si un niño llega a Rusia sin la compañía de sus padres, “de inmediato se desvanece dentro de un sistema que busca que los adopte alguna familia rusa y que se conviertan en ciudadanos rusos”.

Foto: AFP

Lo anterior, debido a que Putin firmó este lunes un decreto -el cual ya había sido aprobado por la Duma, la cámara baja del poder legislativo ruso- que “simplifica la obtención de ciudadanía para los niños ucranianos sin cuidado parental”.

Es decir, los “tutores” u “organizaciones” a los que serían entregados los niños ucranianos, podrán reclamar la ciudadanía rusa para ellos.

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La guerra ha dejado cientos de víctimas mortales y desplazados, sin embargo, en los últimos días, un fotógrafo que vivió con una familia, compartió las imágenes de un diario de Yehorka, un niño de ocho años de edad que relató cómo vivió la invasión a Mariúpol (Ucrania) y de quien aún se desconoce su paradero.

En las primeras páginas dice que vive junto a su mamá y su hermana de 15 años; tenía un nuevo amigo y soñaba con celebrar su cumpleaños. Incluso, dibujó una mesa decorada con una torta y unos invitados alrededor con regalos.

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Aunque al inicio parecía que Yehorka escribía con alegría, hojas después los comentarios se vuelven más lúgubres.

Foto: (Evgeny Sosnovsky/Facebook)

El menor dibujó un edificio en llamas, narra que las explosiones se escuchan cada vez más fuerte y en un momento aclara que “la casa tiembla, la lámpara de la cocina no deja de bailar”.

Más adelante cuenta que la guerra ya está “en mi calle”. Esboza un avión arrojando bombas cerca a su vivienda, y luego a un soldado con un uniforme celeste y amarillo, los colores de la bandera ucraniana. Lo denomina “héroe”.

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“Mi abuela Galia murió, dos perros murieron y mi ciudad favorita Mariupol, también”, escribió en la penúltima hoja. La siguiente hoja está en blanco y la última dice: “Tengo una herida en la espalda, la piel está desgarrada. Mi hermana tiene una herida en la cabeza. Mi madre tiene la carne desgarrada en el brazo y un agujero en la cabeza”.

El fotógrafo logró huir de la invasión, compartió las imágenes del diario de Yehorka pero aún no sabe qué pasó con él o con su familia; no obstante, sospecha que pudo haber sido trasladado, como tantos otros niños de la ciudad, a territorio ruso.

Foto: AFP