El Reino Unido expulsará a 23 diplomáticos rusos después de que Moscú no haya aclarado por qué el exespía Sergei Skripal y su hija Julia fueron envenenados en Salisbury, Inglaterra, con un agente nervioso de fabricación rusa, anunció la primera ministra, Theresa May.

En una declaración ante el Parlamento, la jefa del Ejecutivo británico consideró que Rusia ha reaccionado «con un completo desprecio» ante la «gravedad» del incidente ocurrido el pasado día 4, pese a que este país les ofreció una «oportunidad» de que proporcionaran una explicación.

May también canceló los contactos bilaterales con Moscú, incluyendo una visita del canciller ruso, Serguéi Lavrov, en respuesta al atentado en suelo inglés contra un exespía ruso y culpó al presidente ruso Vladimir Putin del deterioro de las relaciones.

«Muchos de nosotros miramos a la Rusia post-soviética con esperanza. Queríamos una mejor relación y es trágico que el presidente Putin haya elegido actuar así», dijo en el Parlamento.

La dirigente conservadora también dijo que ningún representante de la familia real asistirá al Mundial de Rusia 2018.

«Ningún mandatario ni ningún representante de la familia real británica asistirá a la Copa del Mundo de Rusia (14 de junio-15 de julio) de este próximo verano», aseguró May.

Por su parte, la primera reacción rusa se dio desde su embajada en Londres, donde calificó los hechos como un acto hostil «totalmente inaceptable, injustificado y corto de miras».

La crisis entre Moscú y Londres podría agravarse tras la muerte de otro exiliado, Nikolái Glushkov, de 69 años, que fue hallado muerto en su domicilio en New Malden, un suburbio de Londres, según la prensa británica.

Glushkov era cercano al millonario Boris Berezovski, un enemigo del Kremlin que fue hallado ahorcado en 2013 en el Reino Unido.