La historia de Jeric Rivas, un joven filipino que se graduó con honores de su pregrado en Criminología, reveló un doloroso testimonio al conocerse que su familia no asistió a su ceremonia de graduación.

Pese a que la historia se remonta al año 2019, el hecho que protagonizó Rivas se desveló recientemente. Mediante un post de Facebook, el joven cuenta toda la cronología de su grado en La Concepción College, instituto universitario ubicado en la ciudad de San José del Monte.

Inclusive, el adolescente recibió una distinción adicional al ser el graduando con mejor promedio académico, según suscriben medios locales. Sin embargo, esto tampoco fue suficiente para que su familia hiciera presencia en un evento tan importante para él.

“Sentí una mezcla de felicidad y tristeza nuevamente. Miré a la derecha, miré a la izquierda, y en la parte de atrás y en el frente, todo lo que vi fueron caras felices que sonríen. Sentí mis lágrimas caer, me senté al lado. Sentí envidia”revela Jeric Rivas en su publicación.

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“Espero haberlos enorgullecido”

Tras la ceremonia de graduación, todas las miradas se centraron en Jeric Rivas, quienes lo vieron sentado en el suelo, postrado contra una pared, llevándose las manos hacia su rostro y llorando desgarrado frente a la multitud que presenciaba el evento.

Allí, tanto compañeros como profesores del joven consolaron al joven y lo motivaron a seguir adelante pese a las circunstancias.

“Uno de mis profesores estaba parado en el escenario esperándome y me dio un abrazo. Si bien ese momento me quitó parte de la tristeza, terminé llorando frente a todos”, confiesa el joven filipino.

Sin embargo, no es la primera vez que Jeric Rivas tiene que confrontar un momento así: cuando era niño, el joven dijo que recibió una medalla en la escuela por ser el mejor de su clase, pero como sus padres no acudieron a apoyarlo, nunca se molestó en subir al escenario para aceptar su premio. 

Pese a este antecedente, el joven dice que trató de caminar con confianza a recibir su diploma cuando el presentador de la ceremonia dijo su nombre; sin embargo, cuando el locutor llamó a sus padres -quienes le harían entrega del diploma- el joven rompió a llorar: se dio cuenta que no estaban en el auditorio. 

“A mis padres, que aún no podían aceptarme en su vida, si están leyendo esto, este soy yo ahora y espero haberlos enorgullecido”, remató el joven.

Medios de prensa filipinos reportaron que el joven tuvo que costearse su carrera por cuenta propia tras haber trabajado en una fábrica, desempeñarse empleado de un comercio de comidas rápidas y trabajar como limpiador durante su estancia en la universidad.