En Escocia, Doreen Tilly, una abuela de 100 años, ha estado en aislamiento durante ocho meses en un hogar de ancianos, debido a la pandemia por la COVID-19, situación que la ha deteriorado a tal punto que “solo quiere morir”.

Su enorme familia, conformada por dos hijos, ocho nietos, 16 bisnietos y ocho tataranietos, desesperados solicitan que se cambien las reglas.

Doreen Tilly, estaba «llena de vida» al cumplir años unos días antes de decretarse el encierro por la contingencia de la COVID-19.

Pero las fotos proporcionadas por su familia muestran el desgarrador deterioro de la abuela desde marzo, cuando las visitas se restringieron e inició el aislamiento.

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“La diferencia en mi abuela es simplemente devastadora de ver. Antes, estaba llena de vida y prosperaba con las visitas regulares de su familia (…) Antes del encierro, la gente iba a verla todo el tiempo y a ella le encantaba, le daba algo por lo que vivir. Solo la quiero fuera de casa ahora”, afirmó Sonia Dixon, bisnieta de la mujer.

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Los responsables del cuidado de Doreen Tilly y otros abuelos en la casa de descanso aseguran que al no permitir las visitas están cumpliendo las reglas para proteger a los residentes, pero “comprenden lo importante que es la visita y lo difícil que es para todos aquellos que se han perdido momentos preciosos en los últimos meses”.

Mediante solicitudes al Gobierno buscan alternativas para regular las visitas con todos los protocolos de bioseguridad.

El problema es que el tiempo corre en contra de estos abuelos, y sus seres queridos solo quieren compartir con ellos en una época donde el aislamiento y las circunstancias nos han recordado el valor que tiene la familia.

La situación de esta abuela es solo uno de los miles de casos en todo el mundo de otras familias que han soportado esto y muchas cosas peores durante los últimos siete meses debido a las medidas de aislamiento por la COVID-19.