Tras la creciente del río Cauca por un derrumbe en Hidroituango en mayo del año pasado, no solo fueron arrasadas decenas de viviendas en Puerto Valdivia, sino también la calidad de vida de sus habitantes, el drama social por la emergencia continua casi un año después.

El colegio del pueblo permanece cerrado y semidestruido, igual que la oportunidad de formación educativa para cientos de niños que no pudieron volver a clase.

William Gutiérrez, líder social de Puerto Valdivia, dijo que “el colegio lo tienen que volver a construir, aquí no hay colegio, ese era de la primaria y arriba el de los bachilleres”.

Del servicio de urgencias en el único puesto de salud de Puerto Valdivia sólo queda el aviso, pues también está cerrado y sin atención a enfermos o pacientes críticos, quienes deben desplazarse a otros municipios, en muchos casos no alcanzan a llegar y pierden la vida.

Cecilia Muriel, líder de la Fundación Ríos Vivos, sostuvo que “si llegan dos o tres enfermos quién los atiende, nadie. Aquí pasó que una señora perdió su bebé”.

Algunos afectados siguen evacuados, otros pudieron retornar al puerto y hoy sienten que las indemnizaciones económicas no compensarán la vida que tenían, ni el daño ambiental.

Astrid Álvarez, una de las afectadas en Puerto Valdivia, manifestó que “los pescadores, los barequeros y todas las personas que dependíamos del río. Y qué va a seguir después, si la represa  colapsa qué va a pasar con las poblaciones, no pedimos indemnización sino reubicación. No podemos comer plata ni energía”.

Publicidad

El puente peatonal emblemático que había sido destruido el año pasado por la corriente, quedó visible de nuevo con la disminución del nivel del río y hoy es el símbolo al que se aferran los habitantes para no perder la esperanza de reconstruir sus vidas en el puerto.