Acciones como paramédicos agarrados a puñal y a golpes son el diario reflejo de la despiadada guerra de las ambulancias en la ciudad bonita. 

«Esto pasó del paseo de la muerte a la guerra del centavo hoy, desafortunadamente nuestros conductores, nuestras ambulancias en la ciudad, se han visto envueltas en esa competencia desleal y en esas agresiones que a diario estamos viviendo», dijo el gobernador de Santander, Mauricio Aguilar.

Para los protagonistas de esta historia el culpable es el Estado qué convirtió la atención de emergencias en un funesto negocio.

«Entre conductores tienen inconvenientes, desafortunadamente el conductor se dejó salir de cabal y sacó un machete agrediendo al otro conductor por tratar de evitar este problema», sostuvo Óscar Espinosa.

Lo más grave de esta difícil situación es que ninguna de las empresas de ambulancias tienen control ni formación ni permiso para sus conductores.

«Un poco de falta de veeduría por parte de las autoridades puesto que se están muriendo muchas normas de tránsito, los protocolos para atender los pacientes están faltando totalmente, por ejemplo, las personas que se desempeñan como conductores tienen que cumplir con una serie de capacitaciones y requisitos para ejercer como tal el tema de conducir una ambulancia», explicó Hernando Díaz, auxiliar de enfermería.

Para poner freno a este problema ya comenzaron las acciones, «hemos pedido a la Secretaría de Salud Departamental que haya un control y una fiscalización», expresó el gobernador.

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Son más de 10 las empresas de ambulancias que se han creado en Bucaramanga y su área metropolitana, las cuales están en la mira de los entes de control. Adicionalmente, se espera restablecer el uso del 123 para atender estas emergencias y poner freno a esta guerra del machete por unos pesos.