Según la “matriz de colisión” del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, en el 2018, el 17.6 % de los motociclistas fallecieron en un choque contra un objeto fijo (609 muertes), lo cual evidencia entre otros factores, impericia, poca experticia en la conducción y falta de mantenimiento preventivo en el vehículo.

Las motocicletas cuentan con freno delantero y freno trasero y ambos son importantes. La mejor manera de detener la motocicleta es usando los dos frenos al mismo tiempo.

El freno que realmente detiene la moto es el delantero, sin embargo, el freno trasero sirve como complemento y ayuda en gran medida a estabilizar la moto. Cuando se usa solo el delantero se corre el riesgo de que la llanta delantera se bloquee, generando una fuerte inclinación hacia adelante. Si esto sucede, se pierde adherencia de la llanta con el asfalto, y por consiguiente, la moto derrapa, generando riesgo de pérdida del control.

 

Lo más aconsejable es frenar levemente con el freno trasero instantes antes de accionar el freno delantero, de este modo la parte trasera de la moto bajará ligeramente evitando que el peso se desplace demasiado hacia el frente, ayudando a conseguir una frenada más equilibrada.

La Agencia Nacional de Seguridad Vial advierte sobre las tres principales causas de las “fallas en los frenos”.

  • Uso inadecuado

Entre los problemas más frecuentes está el sobrecalentamiento del sistema de frenado, producido básicamente por un exceso en la fricción. Si bien la base del funcionamiento de los frenos es la fricción, con una conducción agresiva o inadecuada esta condición aumenta de manera peligrosa.

  • Modificaciones

Algunos conductores acuden a talleres a efectuar modificaciones artesanales a sus sistemas de frenos con el propósito de reducir costos en el mantenimiento de su vehículo. No obstante, esta práctica resulta muy peligrosa, toda vez que va contra los diseños originales del fabricante que responden a criterios de peso, aerodinámica, potencia y efectividad.

  • Falta de mantenimiento

No realizar un mantenimiento periódico del sistema de frenos, reduce la posibilidad de advertir fugas de líquidos, desgaste de pastillas o bandas, atascamiento o avería de las piezas por fricción.