Comandos Jungla de la Dirección de Antinarcóticos de la Policía Nacional neutralizaron en una operación de asalto registrada en la vereda Páramo de San Isidro del corregimiento de Bonda, en zona rural de Santa Marta, a Deimer Patiño Giraldo, alias ‘80’ o ‘Martillo’, máximo cabecilla del Grupo Delincuencial Organizado (GDO) ‘Los Pachenca’, que delinque en el norte del país.

Patiño Giraldo, había asumido el mando de ‘Los Pachenca’ luego de que en junio de 2019, Jesús María Aguirre Gallego o ‘Chucho Mercancía’ en inmediaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, cayó durante el despliegue de la ‘Operación Horus’, ejecutada tras un minucioso trabajo de inteligencia e investigación criminal.

La Policía Nacional puso fin a la trayectoria criminal de más de 20 años de este cabecilla, quien hizo parte activa del ‘Bloque Resistencia Tayrona’ de las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), al cual ingresó en el año 2000.

Alias ’80’, ascendió rápidamente en la estructura, gracias, en parte, a que era sobrino del exjefe de la desaparecida agrupación al margen de la ley Hernán Giraldo Serna (extraditado en 2008 a los Estados Unidos), y en 2003 asumió el mando de un componente criminal en zona de rural del municipio de Ciénaga (Magdalena).

En 2005 fue capturado por concierto para delinquir, pero luego recobró su libertad al desmovilizarse en el marco de ley de Justicia y Paz. En 2013 decidió reincidir en la comisión de actividades criminales tras su ingreso al GDO ‘Los Pachenca’, en el cual se convirtió en segundo cabecilla en mayo de 2019 luego de la captura del sujeto conocido como ‘Flash’ en La Guajira.

En junio de 2019 tras convertirse en el máximo cabecilla en reemplazo de ‘Chucho Mercancía’, comenzó a librar una confrontación directa con el ‘Clan del Golfo’ en el marco de la lucha por el control del narcotráfico en el Caribe colombiano.

Según información recaudada, Deimer Patiño Giraldo mantenía el control del 80 % de la droga que salía por los puertos marítimos de la Costa Atlántica o a través de lanchas rápidas que partían desde La Guajira. El alcaloide, presuntamente, iba con destino final a Europa y Estados Unidos.

En contra del cabecilla, se ofrecía una recompensa de hasta $80 millones y existían múltiples órdenes de captura por los delitos de concierto para delinquir, narcotráfico, homicidio, extorsión y porte de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares.

Al mismo tiempo era considerado como autor intelectual de gran parte de las actividades criminales que afectaban la seguridad ciudadana en Santa Marta, Riohacha y al menos 10 municipios en la troncal del Caribe.