Casi un cuarto de siglo después de su secuestro, tortura y violación por paramilitares, la periodista colombiana Jineth Bedoya encuentra en la sentencia de este lunes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) la justicia que le ha sido negada en su país.

La sentencia de ese tribunal, con sede en San José de Costa Rica, señala que el Estado colombiano “es responsable internacionalmente por la violación de los derechos a la integridad personal, libertad personal, honra, dignidad y libertad de expresión en perjuicio de la periodista Jineth Bedoya Lima” y por los abusos sexuales de que fue víctima.

 

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Las amenazas que Bedoya recibió desde 1998 por su trabajo en el diario El Espectador y un atentado contra ella y su madre en 1999 tuvieron poco eco en la justicia colombiana hasta que sucedió lo peor: el 25 de mayo de 2000 fue secuestrada por paramilitares en las afueras de la cárcel La Modelo de Bogotá cuando hacía una investigación periodística.

La periodista estuvo secuestrada 16 horas durante las cuales “sufrió graves agresiones verbales, físicas y sexuales”, y finalmente fue abandonada cerca de la ciudad de Villavicencio (centro).

 

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Bedoya investigaba la violencia y un posible caso de venta de armas y tráfico de secuestrados en la cárcel que involucraba a paramilitares, narcotraficantes, la guerrilla, policías y militares.