Colombia asiste a una reconfiguración criminal en la que actualmente hay un empate técnico entre los grupos armados enfrentados.

Estructuras armadas ilegales que aprovechan el vacío de poder generado por el fin de las Farc-EP como guerrilla y la imposibilidad del Estado por lograr control y presencia en estos territorios.

Cuatro zonas del país viven la guerra de manera más fuerte, Norte de Santander, Bajo Cauca antioqueño, Sur de Córdoba y toda la Costa Pacífica.

En Nariño hay cuatro estructuras del ELN, los paras del Clan del Golfo, y cinco disidencias.

Actualmente, según la Fundación Pares, existen 23 estructuras de disidencias, de las cuales unas diez están en proceso de degradación y bandolerización, asociadas a los carteles mexicanos.

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Una situación que, según los especialistas, tiende a empeorar mientras alguien gana la nueva guerra por la minería ilegal y el narcotráfico.