Una ardua acción investigativa puso al descubierto a las estructuras responsables del ingreso de contrabando al país, permitiendo detectar una modalidad criminal en la que supuestos viajeros entran de forma fragmentada y sistemática grandes cantidades de oro y plata sin soportes documentales ni permisos.

En un trabajo conjunto de la Fiscalía General de la Nación, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacional (Dian) y la Policía Fiscal y Aduanera, y el apoyo de la Agencia de Control Inmigración de Aduanas de los Estados Unidos (ICE), quedaron en evidencia las personas que harían parte de una red ilegal que ingresaban subrepticiamente las joyas y metales preciosos.

De igual forma, fueron recopilados varios elementos probatorios que darían cuenta de continuos movimientos migratorios y diversas maniobras para evadir los filtros de seguridad en el Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá.

Tras un primer hallazgo en marzo de 2016, fue interceptada una pareja que llegaba de Ciudad de Panamá con más de 13.200 piezas de oro y relojería que ocultaban en una maleta. La mercancía, avaluada en $4.673’838.915, fue incautada porque los portadores de la misma no la declararon para control aduanero y presentaron facturas que no sustentaban su origen.

En las primeras indagaciones y verificaciones de los documentos de compra de las joyas, la Fiscalía y la Policía Nacional establecieron que las tres personas que allí figuraban registraban cerca de 400 traslados por vía aérea entre Panamá y Colombia, que correspondían a viajes cortos de no más de tres días.

Las tres personas fueron judicializadas y harían parte de una organización criminal señalada de realizar viajes sistemáticos entre Panamá y Colombia para ingresar ilegalmente maletas con joyas y metales preciosos, que eran vendidos en varias zonas comerciales de Bogotá, Bucaramanga, Medellín y municipios de Valle del Cauca.

Asimismo, se obtuvieron evidencias sobre un aparente incremento patrimonial injustificado de 3’500.000 dólares y la existencia de empresas fachada de las que no existiría constancia sobre su verdadera actividad comercial pero que serían utilizadas para comercializar anillos, cadenas y otros artículos de oro en zonas comerciales de Bogotá, Bucaramanga, Medellín y municipios de Valle del Cauca.

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Por estos hechos, fueron capturados:

Blanca Esperanza Vargas Mutis, presunta cabeza del andamiaje criminal, quien fue detenida en Bucaramanga (Santander). A esta mujer le fueron incautadas más de 13.200 joyas y piezas de oro en marzo de 2016 y sería la encargada de coordinar la venta de la mercancía en Santander.

Durante el procedimiento de captura los funcionarios de la Policía Fiscal y Aduanera incautaron $29’650.000 en efectivo y 440 piezas de oro y 904 de plata, avaluadas en $250’000.000.

Antonio José Reyes Mantilla, yerno de Blanca Esperanza Vargas y quien la acompañaba el día de la incautación de las joyas en el aeropuerto El Dorado. Fue capturado en Bogotá y al parecer, distribuía el oro y la plata de contrabando en joyerías de Valle del Cauca.

Henry de Jesús Yépes Giraldo, capturado en Medellín (Antioquia). A su nombre aparece una actividad comercial que no corresponde a la importación o venta de joyas preciosas; sin embargo, habría sido uno de los presuntos compradores en Panamá de los elementos incautados en Bogotá y distribuía este tipo de elementos en establecimientos comerciales de Medellín y otros municipios de Antioquia.

Un fiscal adscrito a la Dirección Especializada contra el Lavado de Activos presentó a los capturados en audiencias concentradas y les imputó cargos por lavado de activos agravado y enriquecimiento ilícito. Por disposición del juez de control de garantía los procesados recibieron medida de aseguramiento de detención domiciliaria.

Los investigadores de la Fiscalía y la Policía Fiscal y Aduanera constataron que los presuntos integrantes de la red de contrabando mantenían contacto comercial con una reconocida firma mayorista panameña de oro y plata. Al parecer, en cada viaje compraban joyas a crédito y, supuestamente, respaldaban la deuda con propiedades lujosas en Colombia, las cuales les eran devueltas cuando pagaban la totalidad de los artículos adquiridos.

La mercancía era ocultada en el equipaje y la persona encargada intentaba evadir los filtros aduaneros y los escáneres usando las puertas para mujeres embarazas o aprovechaba descuidos del personal de aduanas para cruzar sin despertar sospecha. Posteriormente, los metales preciosos los distribuían en zonas comerciales de las diferentes ciudades donde tenían enlaces.

Parte de las indagaciones están dirigidas a establecer si el oro adquirido en complejos de minería ilegal en Valle del Cauca y Antioquia habría sido enviado a la firma mayorista panameña para que fuera procesado y retornado en joyas.

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