Esta podría ser la solución a la discusión que hace cuatro años tiene  paralizada la fumigación aérea de cultivos ilícitos con glifosato en el país.

A diferencia de la aspersión aérea desde avionetas, la fumigación con drones a un máximo de dos metros de altura, evitaría la contaminación  de cuerpos de agua y de cultivos vecinos tradicionales. La aplicación del glifosato es directa y focalizada sobre la planta.

El uso de este recurso, que solo requeriría el apoyo de un reducido grupo de personas para su pilotaje y abastecimiento, aumentaría hasta en 10 veces el número de hectáreas erradicadas al día.

Uno de los factores más importantes es la vida, durante los últimos 10 años han muerto 128 erradicadores, entre civiles, policías y militares y otros 678 han resultado heridos víctimas de  los explosivos que los narcotraficantes instalan en los cultivos.

Hace dos semanas un policía murió y seis más resultaron heridos en zona rural de Tumaco (Nariño), cuando iniciaban las tareas de erradicación.  

Quienes se oponen a estas tareas dejaron de usar minas antipersonal y ahora instalan estas peligrosas trampas cuya explosión se ve desde el aire con un radio de destrucción en tierra de al menos 20 metros.

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