El drama de vivir en Soacha, trabajar en Bogotá y gastar hasta seis horas diarias en el transporte público

Jorge Bermúdez - 25 de septiembre del 2019 1:41 pm

Desde las 4 a.m. empiezan a salir a las calles los primeros carros con quienes venden dulces y tinto de manera ambulante, así inician el día algunos de los llamados transportadores ilegales. Hombres de todas las edades en carros de todas las marcas, modelos y colores, para darle el primer empujón al día a día de al menos 200 mil personas que viven en esta zona.

Como Rubiela Díaz, que vive hace 4 años en Ciudad Verde. Ella se levanta a las 3 a.m. con el único afán de llegar a tiempo al sector de Santa Bárbara en el norte de Bogotá.

Le puede interesar: Soacha continúa militarizada para garantizar el transporte público

Los pocos buses de servicio público que aparecen en el sector, desaparecieron desde el pasado lunes con el paro transportador. Pero con paro o sin él, Rubiela prefiere los carros que prestan el transporte ilegal.

“La buseta vale mil pesos y el carrito 1.200 pesos, pero nos deja en la puerta de la casa”, Rubiela Díaz.

El lunes no hubo carros, y le tocó caminar una hora y 20 minutos hasta la Estación Terreros de Transmilenio, un calavario que se repite de regreso.

Vea también: Habitantes de Soacha, los más afectados por el paro de transportadores

Mientras la ciudad despierta, el carril paralelo del Transmilenio por la autopista sur ya está repleta de vehículos y Rubiela escucha atenta las críticas a las medidas anunciadas por el secretario de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo, como la de levantar el pico y placa para taxis.

Avanza la mañana, sale el sol y a Rubiela ya se le hizo tarde. Mientras es subida a la fuerza a su segundo recorrido en Transmilenio, en su cabeza hace cuentas de tiempo y plata para llegar a su lugar de trabajo.

Tras ocho horas de labores, esta madre soltera y cabeza de hogar inicia su drama de regreso a casa que en las noches puede tardar las mismas tres horas de la mañana.

Este es el calvario, que con paro o sin paro, padecen a diario miles de colombianos, que duermen en Soacha, trabajan en Bogotá y viven cerca seis horas diarias en el sistema de transporte.