En una modesta vivienda, al occidente de Bucaramanga, todos los días nace el niño Dios, pero no en un pesebre, el primogénito escoge diversas cunas y escenarios para anunciar su llegada y con ella iluminar y decorar cientos de hogares en el mundo.

En semillas de mamoncillo y de nueces, cascarones de huevo, entre otros materiales, las manos de dos santandereanas dan vida todos los días el nacimiento del niño Dios.

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