CM& visitó en el municipio de Totoro a la familia del patrullero Ángel Zúñiga Valencia, habitan en una humilde vivienda que depende en un alto porcentaje del apoyo del uniformado.
Dicen que su hijo y hermano actuó movido por las bases de solidaridad y respeto inculcado en el seno de su hogar.
Ángel Zúñiga Valencia es el segundo de tres hermanos, al finalizar el colegio decidió seguir los pasos de su hermano mayor.
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Ingresó a la Policía Nacional llevado por el espíritu de servicio a la comunidad, el mismo que lo animó a no participar de un procedimiento de desalojo.
“Esta es una cosa histórica dentro de la Institución de la Policía, porque tomar esa determinación, mi hijo fue un berraco y me enorgullece de ser el papá de él”, dice Rubén Oswaldo Zúñiga, padre del patrullero.
Hace cinco años, el hogar de Rubén y Dolly vio como desconocidos asesinaban a su hijo mayor, el patrullero Rubén Zúñiga Valencia, cuando disfrutaba sus vacaciones; sin embargo, animaron a Ángel para que no se retire de la Institución.
“Le envío mucha fortaleza, mucha fuerza, él sabe que tiene todo mi apoyo, él es una gran persona y que lo ha demostrado”, señala Juan Sebastián Zúñiga, hermano del patrullero
Estos indígenas insisten que los valores de humildad, solidaridad y desprendimiento que un día sembraron en el corazón de Ángel dieron sus frutos en medio de un procedimiento que buscaba dejar sin hogar a varias familias necesitadas.
“Él debía haber cumplido su deber, pero se puso en los zapatos de ella, como familia pobre que somos, como humildes que somos y también pensó en sus hijos”, afirma Dolly Amanda Valencia, madre del policía.
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Junto a la hija mayor de Ángel, la familia viajó a Jamundí para encontrarse con quien se ha convertido en el héroe de muchos colombianos.
Rubén y Dolly esperan hablar con los superiores de su hijo para pedir que no se sancione o destituya al uniformado.
El patrullero Ángel Zúñiga Valencia es hijo de una familia indígena del Cauca.